Península de Coromandel, paraíso en Nueva Zelanda
Este recóndito lugar (por lo menos para nosotros) se encuentra en uno de los países más salvajes y bellos del planeta, Nueva Zelanda. La Península de Coromandel está a unas dos horas por carretera de la ciudad de Auckland, y se llega a ella recorriendo la Pacific Coast Highway. Este lugar es conocido y admirado por su magnífico entorno natural, que cuenta con las mejores playas del país según muchos oriundos y viajeros, y también con una importante presencia de bosques autóctonos realmente impresionantes.

Quienes quieran conocer la naturaleza neozelandesa en bruto, tal y como se originó hace millones de años, harían bien en darse una vuelta por esta península, un lugar adorado además por los amantes del surf.

La costa oeste de la península está llena de vegetación, siendo un tipo de árbol autóctono (el pohutukawa) la variedad más habitual. La costa este es otro cantar, y en esta zona las playas y el mar son lo más atractivo para el viajero. Desde relajarnos en impresionantes arenales como el de la fotografía hasta practicar el surf, el buceo a pulmón o el submarinismo: las aguas del Océano Pacífico invitan a todos a sumergirse en su profundo azul.

Precisamente una de las playas más conocidas de este lugar es Cathedral Cove, que sin embargo no es tan espectacular como nuestra gallega Playa De las Catedrales (ubicada en Ribadeo y que sin duda merece también una visita). Una de las actividades más atractivas en este lugar es alquilar un kayak y explorar las islas cercanas con toda tranquilidad, siguiendo los pasos de Paul Theroux y su libro “Las islas felices de Oceanía”. Además, a quienes les gusten los animales y la fauna salvaje podrán apuntarse a alguna de las expediciones que parten al anochecer, con la idea de ver a los encantadores kiwis (pájaros que son el símbolo del país) e incluso darles de comer.