La Gruta del Buey Marino
Hace tiempo os hablaba en Destinolandia de un lugar paradisíaco en la isla de Cerdeña. Me refiero a Cala Gonone, uno de esos enclaves que parecen imposibles por el color azul de sus aguas y la luz del Mediterráneo… El destino que hoy os enseño en este post está precisamente en Cala Gognone y es uno de los lugares más visitados de la isla. Su nombre: la Gruta del Buey Marino.

En realidad su nombre es Grotta del Bue Marino. Este bellísimo lugar, situado en la escarpada costa sarda, se debe a que antiguamente residía en este enclave una colonia de bueyes marinos (mamíferos actualmente conocidos bomo focas monje). Actualmente ya no quedan y no es de extrañar, ya que se encuentran en grave peligro de extinción… Pero el enclave sigue siendo digno de visitar.

Galerías y agua azul turquesa

La Gruta del Buey Marino
La Grotta del Bue Marino es un conjunto de galerías que solo pueden recorrerse si se accede desde el mar. Esto significa que para poder entrar tendréis que apuntaros a una de las muchas excursiones que parten desde Cala Gonone, Santa Maria Navarrese y Arbatax, cuyas embarcaciones se encuentran siempre en el puerto. El recorrido por las galerías, cuyo exterior muestra los fondos marinos más azules que podamos imaginar, dura unos 20 minutos y es toda una experiencia. Un consejo: aunque el verano sardo es caluroso, en el interior de la gruta la temperatura baja hasta unos dieciocho grados; así que conviene llevarse algo de abrigo.

Las cuevas de la costa

La Gruta del Buey Marino
Esta cueva marina se encuentra en Dorgali. Además del atractivo de la cueva per se, en ella también se pueden admirar preciosos lagos internos con arena blanca y agua cristalina. No es la única cueva de la costa de Cerdeña, ya que cerca de ella también se encuentra la Cueva de Ispinigoli, a la cual se puede acceder desde tierra. En ella se puede admirar una columna calcárea natural cuya altura de cerca de cuarenta metros la convierte en la más alta de Europa.