La ciudad fantasma de Camboya
En Destinolandia ya hablamos en una ocasión de las casas más fantasmagóricas del mundo, curiosos y tétricos destinos que atraen irremisiblemente la atención de muchos viajeros. Hoy vamos a viajar hasta la lejana Camboya, país fascinante donde los haya, para echar un vistazo a una auténtica ciudad fantasma que todavía conserva en su interior ecos de los siniestros sucedidos de su pasado reciente.

Su nombre es Bokor Hill Station y se encuentra en el Bokor National Park de Camboya, una de las regiones con mayor grado de protección del país. Su origen se remonta a la época de la colonización francesa de la nación camboyana.

El lujo de los colonos franceses

La ciudad fantasma de Camboya
Situado en un auténtico paraíso natural, que además goza de un clima especialmente benigno debido a su altitud, el pueblo estaba destinado a acoger a los colonos franceses durante sus vacaciones. Su construcción se terminó en 1925: duró nueve meses y se calcula que alrededor de mil obreros perdieron la vida durante la obra. En Bokor Hill Station había un Hotel Palace, un Casino y una iglesia, que ofrecían una vida de lujo para los europeos frente a la miseria de Camboya y su capital, Phnom Penh. Lujo que terminó en 1940, cuando los franceses tuvieron que abandonar el país.

Los jemeres rojos y la estabilidad de los 90

La ciudad fantasma de Camboya
En las décadas siguientes, Bokor Hill Station acogió a los jemeres más adinerados, hasta que en 1972 los temidos jemeres rojos se hicieron con el control del país en uno de los episodios más tétricos de la historia del siglo XX. A principios de los años 90 la ONU intervino y la estabilidad llegó a Camboya, pero Bokor Hill no recuperó su antiguo esplendor y ahora languidece en medio de la naturaleza. Para llegar allí hay que hacerlo mediante viajes organizados, ya que no es posible acceder de forma individual. Aunque hay planes para reconstruir la población muchos camboyanos piensan que debería dejarse como está, como recuerdo de una historia que no debe olvidarse, si no se quiere que se repita.