Kazajistán, entre dos mundos
En Destinolandia nos gusta dar a nuestros lectores una de cal y otra de arena, en el buen sentido. Si unos días hablamos de lugares que no pueden ser más turísticos o conocidos, en otros artículos os desvelamos los secretos de países, localidades y rincones menos populares, que esperan a ser descubiertos por los viajeros más inquietos.

Hoy es uno de estos días. Vamos a adentrarnos en Kazajistán, un país que antaño perteneció a la desaparecida Unión Soviética y que a día de hoy sigue siendo un gran desconocido en lo que a turismo se refiere.

Una catedral de madera

Kazajistán, entre dos mundos
Es una pena, porque Kazajistán cuenta en su territorio con lugares fantásticos. Ubicado a medio camino entre Europa y Asia (lo que vendría a ser entre Oriente y Occidente), la verdad es que es más asiático que europeo… Pero bebe de ambas tradiciones. Uno de los lugares más hermosos de Kazajistán es sin duda la Catedral Zenkov, situada en Almatý (la ciudad más poblada del país) y que es el segundo edificio de madera más alto del mundo. Su colorida belleza la podéis admirar en la foto que abre el post. Los Petroglifos de Tamgaly, de la Edad de Bronce (sobre estas líneas), también merecen una visita. Están calificados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Mausoleos y naturaleza

Kazajistán, entre dos mundos
Esta designación también alcanza al Mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi, situado en Turkestán y que está considerado uno de los monumentos más interesantes del país. Este lugar fue erigido por orden del famoso y casi mítico Tamerlán, aunque tras su muerte quedó inacabado. Su belleza, sin embargo, es impresionante. En Kazajistán hay también lugares de gran interés natural, como la Estepa y los Lagos de Saryarka, región conocida como “tierras altas kazajas”. Y por último, la modernidad se adueña de Astaná, capital de la nación desde 1998 y con edificios tan vanguardistas como la Torre de Bayterek.