La ciudad de los setenta nombres
El nombre de Jerusalén evoca en todos nosotros respeto y espiritualidad. No es de extrañar, ya que se trata sin duda de la ciudad más santa del mundo. Tres religiones y millones de fieles tienen en ella su centro espiritual, y a lo largo de los años la ciudad ha ido desarrollando su cultura y su patrimonio hasta convertirse en una de las urbes más históricas, fascinantes y visitadas de todo el mundo.

Edificada hace miles de años, la capital de Israel habla en susurros a través de los poros de todas y cada una de sus piedras. Da igual que seamos creyentes o ateos; musulmanes, armenios, cristianos o judíos. Lo que esta urbe comunica está más allá de cualquier diferencia… Con sus setenta nombres, todos ellos relativos al amor, esta ciudad fue considerada hace cientos de años el centro del universo.

La Ciudad Vieja

La ciudad de los setenta nombres
En Jerusalén hay tanto que ver, que una visita será poco. Tendremos que volver con toda seguridad para seguir descubriendo sus misterios. Pero sin duda, en el primer viaje se impone recorrer la Ciudad Vieja de la ciudad, un núcleo antiquísimo rodeado por una muralla y dividido en cuatro secciones: la Judía, la Armenia, la Cristiana y la Musulmana. En este lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981, se encuentran algunos lugares sagrados de referencia para las religiones más importantes del mundo.

Cientos de lugares de interés

La ciudad de los setenta nombres
La religión judía tiene como puntos clave el Monte del Templo y el Muro de las Lamentaciones. Los cristianos se dirigen siempre al Santo Sepulcro, mientras que para los musulmanes es de rigor visitar la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa. El Monte del Templo, conocido como Explanada de las Mezquitas, es también un lugar sagrado para los musulmanes. En cuanto a los armenios, tienen sus “mecas” particulares en la Catedral de San Jaime y la parte del Santo Sepulcro que pertenece a la iglesia armenia. Otros lugares para no perderse son la Basílica de las Naciones, en el Monte de los Olivos, y los distintos puntos relativos a la vida de la Virgen. Sin embargo, lo mejor en Jerusalén es dejarse llevar: caminar despacio, escuchar atento y enamorarse de esta ciudad milenaria.