Essaouira, la Perla del Atlántico
Marruecos no es sólo Marrakech, Fez, el desierto o el Atlas. Este país del Norte de África cuenta también con muchos kilómetros de costa, en los cuales podemos descubrir preciosas ciudades y pueblos cuyas casas blancas reflejan su inmaculada presencia en el azul profundo del océano Atlántico. Probablemente una de las más hermosas sea Essaouira, un lugar muy conocido por los amantes del surf y el kite-surf, que atesora una medina que a día de hoy es Patrimonio de la Humanidad.

Sin embargo, a pesar de su belleza, Essaouira sigue estando fuera de muchos circuitos turísticos del norte africano, y por eso la ciudad continúa manteniendo un encanto muy particular.

No se puede volar directamente des de España al aeropuerto de Essaouira; para llegar allí se puede coger un autobús en Marrakech, que nos llevará al mismo centro por una cantidad equivalente a unos cinco euros (eso sí, es mejor asegurarse de que el autobús es directo o tendremos que sufrir innumerables paradas). Dos horas y media de trayecto permiten al viajero descender a un lugar donde el tiempo se detiene; donde el puerto se funde con las construcciones militares antiguas que adornan el casco antiguo, y donde el mismísimo Jimmy Hendrix fundó una comuna en la época de la gloria hippie.

La medina de Essaouira es distinta a cualquier otra que nos podamos imaginar. Data del siglo XVIII, cuando Mohamed III acudió a un ingeniero francés para que convirtiese el puerto de Mogador (que había sido enclave portugués) en un lugar con futuro comercial, levantando allí una ciudad desde cero. El francés se dejó influenciar por el estilo militar europeo y diseñó una ciudadela muy particular, que con los siglos ha ganado en hermosura. El nombre original, Saouira (pequeña fortaleza) evolucionó a Es-Saouira, la bellamente construida.

Además de su barrio de artesanos (donde se trabaja la madera de cedro), su medina, su puerto y su mercado de pescado, Essaouira también tiene una gigantesca y bellísima playa donde es posible ver correr a los camellos al atardecer. Una ciudad que es una auténtica perla, como dice su sobrenombre.