El pueblo de “El Hombre Tranquilo”
El pub de Pat Cohan, la cabaña de Mary Kate Danaher, la inolvidable pelea final entre el torturado exboxeador Sean Thornton y el hermano de su amada, la carrera de caballos en la playa… ¿Qué cinéfilo no recuerda estas escenas, ya hitos de la historia del cine? Por supuesto, estamos recordando la maravillosa película “The Quiet Man” (“El Hombre Tranquilo”), que John Ford rodó hace más de sesenta años como homenaje a su tierra natal.

Viajar al lugar donde se rodó la cinta y sentirse transportado en el tiempo es posible: basta con coger un avión y aterrizar en el aeropuerto de Galway, desde donde nos acercaremos al pueblo en cuestión, la Innisfree de la película. ¿Sabéis cómo se llama en realidad?

El pueblo de “El Hombre Tranquilo”
El nombre del lugar es Cong y se encuentra en la bellísima región irlandesa de Connemara. Quienes visiten el pueblo podrán ver con sus propios ojos el célebre pub de Pat Cohan, que cuando se rodó el filme era en realidad una tienda de ultramarinos, y que hoy día es un establecimiento de recuerdos sobre la película. El pueblo de Cong es muy bonito y más lo son sus alrededores: por ejemplo, las ruinas de la iglesia de Cong Abbey, que han visto realizarse sobre ellas varias restauraciones desde sus inicios en el siglo XVIII.

El pueblo de “El Hombre Tranquilo”
El paseo junto al río que lleva hasta el castillo de Ashford (antigua residencia de la familia cervecera Guinness, y hoy día un hotel de altísimo nivel) es algo que nadie se debería perder. Un placer entre exuberante vegetación y piedras centenarias que harán que olvidemos por un momento las prisas de la civilización actual. También es posible visitar la cabaña de Mary Kate Danaher (Maureen O’Sullivan en la película), aunque aquélla en la que el ficticio Sean Thornton residía se encuentra en realidad a 24 kilómetros de Cong. En la actualidad está en un estado bastante deteriorado, aunque hay quienes están intentando recuperarla como homenaje a Ford… Esperemos que tengan éxito, y podamos conservar en el estado que se merece el recuerdo de una de las películas más maravillosas de la historia del cine.