El último paraíso de África
África es un continente plagado de lugares que sobrepasan nuestra capacidad de asimilación. El río más largo del mundo, las selvas más impenetrables y los desiertos más ardientes forman parte de la geografía de este fascinante continente. Los lagos africanos son vastas extensiones de agua donde la vida bulle, y que han formado parte de la historia de los descubrimientos geográficos más fascinantes.

Sobre estas líneas podéis ver una hermosa imagen del lago Tanganika, cuya gigantesca lámina de agua se divide entre cuatro países: Tanzania (que se lleva la mayor parte, con un 41% del lago perteneciendo a este país), Zambia, República Democrática del Congo y Zambia. Se cree que el lago Tanganica es el segundo más grande del mundo en volumen después del lago Baikal de Siberia.

A día de hoy, este lago sigue siendo un lugar paradisíaco gracias a lo difícil que resulta su acceso. Algunos empresarios ya están pensando en convertirlo en una especie de Seychelles de interior por sus características tropicales y sus playas, así como sus aguas limpias y transparentes, en mucho mejor estado que las de su hermano el Lago Victoria. Los islotes que lo pueblan ofrecen oportunidades para la navegación y la aventura, y la temperatura de sus aguas, que rondan los 26 grados centígrados, lo convierten en un destino excelente para bucear o hacer esnórkel.

El lago Tanganika está lleno de la nostálgica historia de los viejos descubridores de África. En un principio se pensó que las legendarias fuentes del río Nilo se encontraban en él, hasta que John Speke (el primer europeo que lo vio junto con Richard Francis Burton, en 1858) siguió su viaje hasta llegar a lo que hoy día se considera el origen del río: el Lago Victoria. Además de un lugar histórico, mientras la codicia de algunos no lo impida, este lago es a día de hoy uno de los pocos auténticos paraísos naturales que siguen existiendo en nuestro planeta.