El río de la Fiebre del Oro

He comenzado a leer un libro estupendo: se llama El Río de la Luz y fue escrito hace pocos años por Javier Reverte, todo un referente en la literatura de viajes española. Narra el periplo del escritor desde Seattle, en Estados Unidos, hasta la desembocadura del Río Yukon; todas sus páginas están llenas de relatos e historias sucedidades durante la famosa Fiebre del Oro que llevó a miles de personas, entre ellas figuras como el escritor Jack London, a probar suerte con el “yellow stuff” (materia amarilla), es decir, con el oro.
El Río Yukón (río grande, en la lengua india local) transcurre entre Estados Unidos y Canadá a lo largo de casi 3200 kilómetros. La belleza de los paisajes que atraviesa y sus fieros rápidos son legendarios, pero si algo hizo famoso a este curso fluvial fue la célebre Gold Rush o fiebre del oro del año 1896.
Todo comenzó cuando algunos viajeros retornaron a Estados Unidos desde Canadá y Alaska, cargados con bolsas de oro. A pesar de que en realidad aquello no dejó de ser un espejismo (en estados menos agrestes como California había bastante más oro), la población estadounidense de finales del siglo XIX se vio envuelta en una especie de vorágine colectiva, alimentada por medios de prensa como los del imperio del magnate William Randolph Hearst.
De esta forma, cerca de cien mil personas partieron de la localidad de Whitehorse (Canadá) para buscar su futura riqueza, y muchas de ellas dejaron su vida allí. De todos ellos, se calcula que sólo unos cuatro mil encontraron oro, y unos pocos centenares se hicieron ricos. Actualmente el oro del Yukón es sin duda su maravilloso entorno natural y las oportunidades de aventura que ofrece el río: por ejemplo, hacer una travesía en canoa por el río, saliendo desde Whitehorse y acompañados por guía. Es un actividad que proporcionan varias empresas de la localidad. La idea perfecta para sentirse como todo un aventurero…





